martes, 22 de octubre de 2013

EL COLSAM PRESENTE EN LA PEREGRINACIÓN POR LA PAZ


El Sábado 19 de octubre un grupo de estudiantes COLSAM 
estuvieron  presente para recibir a Nuestra señora del Rosario de Chiquinquirá 
en la plaza de la Paz Juan Pablo II 
  

Fue una experiencia hermosa y como se dice en Barranquilla
 "el que lo vive es el que lo goza"  


Todos unidos a una sola voz orando por la paz y como nos lo expresó 
nuestro Pastor y arzobispo Monseñor Jairo Jaramillo 
 "No hay camino para la paz, la paz es el camino" 


lunes, 21 de octubre de 2013

CONOCE UN POCO LA HISTORIA DE NUESTRA PATRONA DE COLOMBIA

El 9 de julio de 1919, las autoridades civiles y religiosas (Monseñor. Herrera, Arzobispo de Bogotá y don Marco Fidel Suárez, Presidente de la República) coronaron solemnemente a Nuestra Señora de Chiquinquirá como Reina de Colombia.

Historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá

Hacía el año 1563 Don Antonio de Santana jefe español del pueblo de Sutamarchán lleva a la Capilla de su pueblo una imagen que por medio del hermano dominico Andrés Jadraque ha mandado pintar en tunja al pintor Alonso de Narváez.

El encargo era pintar la Virgen del Rosario, pero como sobraba tela a los lados, pintaron al lado derecho de la Virgen a San Antonio (Patrono de Dn Antonio de Santana) y al lado izquierdo a San Andrés (Apóstol del Hmno. Andrés) este santo tiene a su lado la cruz en que lo crucificaron (en forma de X) y San Antonio lleva sobre un libro al Niño Jesús (porque se dice que se le aparecía el Divino Niño). El cuadro es colocado en la Capilla de Sutamarchán pero como el techo es de paja, poco a poco empiezan a caer goteras, y unos años después la pintura está casi totalmente borrada.
En 1578 el cuadro está tan borroso y deteriorado que el Párroco, P. Leguizamón, lo hace quitar del altar y lo envía a una finca que el Sr. Santana tiene en Chiquinquirá, finca llamada "Aposentos" palabra que significa "casa grande para dar alojamiento a indios y campesinos). En 1585 llega de España una sencilla mujer, llamada María Ramos, familiar de la esposa de Don Antonio de Santana y se va a trabajar como doméstica a la casa de ellos en Chiquinquirá.
Allí en el ranchejo que hace de Capilla encuentra María Ramos el cuadro que en 1578 había sido quitado de la Capilla de Sutamarchán por estar demasiado viejo y borrado, pero ahora si que es cierto que está deteriorado. Todo es agujero y mugre.
La piadosa mujer lo observa y al ser informada de que en un tiempo fue una imagen de la Santísima  Virgen, pero que por estar ya tan en mal estado se ha empleado para poner semillas a secar al sol, se dedica a quitarle el polvo y la mugre y lo cuelga en una especie de marco. María Ramos pasa largos ratos de rodillas allí ante el borroso cuadro pidiendo a la Virgen que la consuele porque extraña su casa y su patria, y rogándole que por favor se digne hacerse un poco más visible porque allí en aquella tela casi no se notaba nada.
Pasan los meses, y María Ramos suplicaba: "Rosa del cielo ¿cuándo te pondremos contemplar bien?".
La Renovación: Dice la crónica de aquel tiempo: así las cosas el día 26 de diciembre de 1586, a eso de las 9 de la mañana pasaba una india cristiana llamada Isabel que llevaba en la mano a su hijo de 4 años llamado Miguel y al pasar por frente a la Capilla le dijo: "Madre mía, mire a la Madre de Dios que está en el suelo" volvió la india hacia el altar y vio como la imagen de la Madre de Dios estaba en el suelo despidiendo de si un resplandor celestial que inundaba toda la Capilla. Quedó asombrada la india y muy despavorida le dijo en altas voces a María Ramos: "mire señora que la Madre de Dios se ha bajado del sitio donde estaba y parece que se está quemando".

Volvió María Ramos el rostro y vio que la imagen de la Santisima. Virgen estaba de la manera que decía la india y admirada de ver tan estupendo portento, llena de asombro y pasmo, dando goces y derramando lágrimas fue corriendo hasta el sitio donde estaba la imagen y arrodillándose se quedó mirándola y rezándole con gran fe y devoción.
A los clamores de María Ramos y de la india, acudió Juana de Santana, y juntas, las tres piadosas mujeres, postradas de rodillas estuvieron largo rato contemplando gozosas aquellos resplandores de Gloria que llenaban de luz la Capilla y de alegría los corazones.

jueves, 17 de octubre de 2013

TU TAMBIÉN PUEDES SER MISIONERO

"En este momento, llegaron sus discípulos y se sorprendieron de que Jesús estuviera hablando con una mujer..." (Jn 4, 27ª).

Elegir este pequeño fragmento del diálogo de Jesús con la samaritana puede parecer extraño a la hora de pensar en la misión. ¿Por qué este texto? Porque quisiera, en orden a reflexionar sobre qué significa evangelizar, tomar un acontecimiento como punto de partida. Es, casi siempre, lo primero que nos ocurre a la hora de salir hacia la misión: traspasar fronteras.

Jesús, hombre de fronteras
El Evangelio nos muestra constantemente a Jesús yendo más allá de las fronteras religiosas de su tiempo. Sin negar todo lo rico que hay en su tradición religiosa (no viene a cambiar ni un punto ni una i de la ley), no se deja atrapar por las rigideces y formalismos de su época, sino que toma lo mejor de la misma, lo encarna, lo profundiza... y lo lleva más allá.
En toda la praxis de Jesús, en todo su ministerio, lo descubrimos quebrando barreras. Se acerca a todos aquellos que eran considerados impuros o despreciables: los enfermos, los pobres, los pecadores... ¡inclusive a los muertos! Puesto que entrar en contacto con ellos implicaba quedar "contagiado" de la impureza que ellos poseían.

Sin embargo, Jesús cruza esa frontera de su tradición (o mejor, del tradicionalismo religioso del momento), y, no sólo no queda manchado por la impureza de aquellos a quienes se acerca, sino que transmite su propia pureza con sus gestos y palabras. Y entonces cura, exorciza, reconcilia... ¡en la frontera se da el milagro!

A medida que profundizamos, descubrimos en estos "cruces de frontera" que realiza Jesús, algo aún más profundo. Él es el Hijo, el Amado de Dios, que desde el corazón de la Trinidad "cruza las fronteras" del cielo para entrar en la historia de los hombres. Se derrama en la historia, asumiendo todo lo humano, salvo el pecado.

Y así, lleva a la plenitud el camino que Dios venía realizando con Israel, pues Él constantemente había salido de sí para buscar al hombre, y había invitado a su Pueblo a desarrollar un corazón cada vez más universal.
Pero este cruce de barreras que Jesús realiza en la Encarnación anticipa el más definitivo, el traspasar el límite de la muerte, para volver de allí victorioso y resucitado por el Padre en la fuerza del Espíritu Santo. Él cruza la frontera que sólo Dios podía franquear: la del dolor y la alienación provocados por el pecado y su fruto definitivo, la muerte. Hasta allí lo lleva su misión, y de allí vuelve, pero no para quedarse quieto.


Él envía a los apóstoles, como el Padre lo envió a él. A partir de la entrega del Espíritu Santo, los Doce no son simples repetidores de las palabras de Jesús. Empiezan a compartir su vida, y por eso, también su misión. Ellos repiten en su existencia el Éxodo que realizó Jesús, saliendo del corazón de Dios hasta las profundidades de la muerte y siendo allí resucitados. En ellos se da este cruce de límites, para que la Palabra llegue a todos. Y desde ese entonces, cada uno de nosotros está invitado a esa misma experiencia, compartiendo la vida de Dios por el bautismo y por ende, también su tarea de hacer llegar el amor a cada hombre y mujer del mundo.

¿Y nosotros qué tenemos que ver con todo esto?

En la misión hacemos una experiencia muy fuerte de desfasaje. Salimos de todo lo ordinario que nos rodea: dejamos por unos días a nuestras familias, amigos y comunidad; a la vez, vamos hacia un lugar con una forma distinta de encarar la vida, la fe, los vínculos... con una experiencia de Dios distinta, y muchas cosas más. El lugar de misión se nos presenta con una historia que no es la nuestra. No sólo eso, sino que muchas veces no responde a nuestras expectativas evangelizadoras. Quizás en aquel lugar esperábamos una gran fecundidad todo se nos presenta árido. Y allí donde no teníamos puestas demasiadas esperanzas se nos manifiesta una respuesta increíble de la gente.

Además, en general, la misión nos revela un mundo al que muchas veces habíamos permanecido ajenos: el del dolor y la pobreza. En efecto, especialmente si uno se dirige al interior, va descubriendo la inmensa miseria moral y material del pueblo, que está a veces verdaderamente crucificado (después descubrimos que es igual aquí en la ciudad). Y frente a eso descubrimos de una manera nueva nuestra forma de vivir, tener y crecer.

Esta experiencia puede ser a veces muy dolorosa, pues captamos con más fuerza la fragilidad del otro y su entorno con la claridad que muchas veces da estar a una cierta distancia. Pero además, percibimos con mayor luz lo inmensamente relativo de muchas cosas que nosotros solíamos dar por sentadas (desde nuestra estabilidad económica hasta nuestra forma de relacionarnos con Dios). Y esto nos des estructura y desestabiliza.
TU TAMBIÉN PUEDES SER ANUNCIADOR DE LA PALABRA DE DIOS, CON TUS GESTOS, PALABRAS, Y TESTIMONIO ¡ARRIÉSGATE! 

miércoles, 16 de octubre de 2013

DÍA DE LOS ANGELITOS

TE INVITO PARA QUE EL PRÓXIMO 31 OCTUBRE TE VISTAS DE BLANCO Y JUNTOS CELEBREMOS EL DÍA DE LOS ANGELITOS, EN BUSCA DE LA UNIDAD Y LA PAZ. 

martes, 15 de octubre de 2013

LLEGA A BARRANQUILLA NUESTRA PATRONA


Después de una peregrinación por diferentes pueblos, llega a Barranquilla el próximo 19 de  octubre el cuadro milagroso de Nuestra Señora de Chiquinquirá, estará en la plaza de la Paz Juan Pablo II, y el Domingo 20 estará en nuestra Parroquia San Luis Bertran, desde la 4:00 p.m. hasta las 9:00 p.m.